Arnaboldi lo durmió en el primer set… pero el kazajo se despertó, se sirvió un espresso imaginario y ganó el partido como si nada.
Alerta en Torino: los tenistas ya no necesitan entrenadores… ¡sino técnicos en electricidad!
Arnaboldi lo durmió en el primer set… pero el kazajo se despertó, se sirvió un espresso imaginario y ganó el partido como si nada.
Alerta en Torino: los tenistas ya no necesitan entrenadores… ¡sino técnicos en electricidad!
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