Pulsa «Intro» para saltar al contenido

El hombre que juega con los récords

Hay futbolistas que persiguen estadísticas y hay otros que terminan obligando a las estadísticas a perseguirlos. Lionel Messi pertenece desde hace tiempo a esa segunda categoría. Argentina derrotó 2-0 a Austria y el capitán albiceleste volvió a transformar una noche de Mundial en una pequeña pieza de historia.

Con su tanto en Dallas, Messi alcanzó los 18 goles en Copas del Mundo y dejó atrás la marca de Miroslav Klose. Como si fuera poco, se convirtió en apenas el tercer jugador capaz de marcar en seis presentaciones consecutivas en un Mundial, una lista reservada para nombres de museo como Just Fontaine y Jairzinho.

Lo más llamativo es que el récord llegó cuando el reloj ya agonizaba. A falta de poco más de un minuto, cualquier jugador habría elegido la solución más cómoda: esconder la pelota, provocar una falta o ganar tiempo. Pero Messi sigue siendo aquel chico rosarino que aprendió que la mejor manera de defender una ventaja es ir hacia adelante.

La jugada fue casi una declaración de principios. Julián Álvarez inició el movimiento, Leandro Paredes asistió y el número diez apareció donde siempre aparece cuando la historia llama a la puerta. Ni cinco defensores, ni las piernas desesperadas de Xaver Schlager, ni la presencia de Kevin Danso sobre la línea pudieron impedir lo inevitable. El zurdazo encontró la red y Dallas explotó.

El primer gol argentino ya había llegado en el minuto 38, con un desmarque perfecto y una definición de primera tras el centro de Facundo Medina. Incluso un penal fallado previamente quedó reducido a una simple anécdota. Porque si algo enseñó Messi durante dos décadas es que nunca conviene escribir su epitafio deportivo antes del pitido final.

En las tribunas, repletas de camisetas celestes y blancas, se mezclaban celebridades, antiguos futbolistas y miles de argentinos llegados desde distintos rincones. Algunos confesaban que habrían pagado cualquier cifra por una entrada. Y viendo lo ocurrido, probablemente ninguno sintió haber gastado demasiado.

Lionel Scaloni admitió que seguir el ritmo de su capitán resulta agotador. No exageraba. A dos días de cumplir 39 años, Messi continúa jugando con la frescura de un muchacho y con la serenidad de quien ya hizo las paces con la presión. Se divierte. Y cuando Messi se divierte, el resto del mundo toma apuntes.

El viejo estadio de los Cowboys tenía un famoso agujero en el techo para que, según la leyenda, Dios pudiera observar los partidos. El moderno recinto de Dallas ya no necesita semejante detalle arquitectónico. Aquella noche, bastó con mirar las tribunas para comprender que los privilegiados eran los 70.000 espectadores que pudieron decir, una vez más, que estuvieron allí.

Cuando sonó el silbato final, el estadio volvió a convertirse en una sola voz. «¡Messi, Messi!», bajó desde las gradas. No era un simple cántico. Era el homenaje espontáneo a un futbolista que, a punto de cumplir 39 años, sigue haciendo que romper récords parezca un juego de niños.

🖋️ © 2026 El Sastre de las Palabras – Todos los derechos reservados


© 1995–2026 SalaStampa.eu – World Press Service |
Edited by Guzzo Photos & Graphic Publications
Registered Publishers & Printers No. 1441 – Turin, Italy


Tema Mission News de Compete Themes.

* 21 *