
Torino, 13 julio 2026 — El primer día de un torneo suele servir para ordenar cuadros, horarios y esperanzas. En Torino, en cambio, hubo que comenzar por lo esencial: mirar. Los resultados todavía circulaban con la discreción de un secreto de Estado y las pizarras parecían añorar aquellos tiempos en que hasta el jardinero sabía quién había ganado.

Pero el tenis estaba allí. En un servicio, en una carrera sobre la tierra, en una pelota convertida por un instante en monóculo y hasta en una jugadora que, quizá cansada de discutir con su raqueta, decidió directamente morderla.

Sin nombres seguros y sin estadísticas a mano, la cámara hizo lo que sabe hacer: quedarse con los gestos. Porque antes de que lleguen los árbitros, los resultados y la inevitable aritmética del deporte, siempre queda algo que no necesita marcador.
El torneo recién comenzaba. Las fotografías ya tenían algo que contar.
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