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La camiseta del recuerdo y el boleto equivocado

La Bombonera se vistió de nostalgia antes de que rodara la pelota. Boca presentó una camiseta conmemorativa por el vigésimo quinto aniversario de uno de sus bicampeonatos continentales más celebrados, como si la memoria pudiera tender una mano en una noche que exigía algo mucho más terrenal: ganar.

El escenario era sencillo de comprender. No había cuentas complejas ni combinaciones improbables. El equipo de Claudio Úbeda necesitaba una victoria para seguir adelante en la Copa Libertadores. Todo lo demás conducía a la puerta lateral de la Copa Sudamericana.

Durante buena parte del encuentro, Boca monopolizó la iniciativa. Tuvo la pelota, ocupó territorio rival y generó aproximaciones suficientes para alimentar la esperanza de su gente. Pero una cosa es acercarse al arco y otra muy distinta es encontrarlo.

Universidad Católica, en cambio, practicó una virtud tan antigua como el propio fútbol: la economía. Llegó poco, observó mucho y golpeó cuando encontró el espacio. La definición de Clemente Montes, a los treinta y tres minutos de la primera mitad, resumió la diferencia entre ambos equipos. Un remate preciso valió más que una colección de intentos.

A partir de allí, el partido comenzó a transformarse en una carrera contra el reloj. Boca aceleró, empujó y acumuló situaciones. Exequiel Zeballos fue uno de los pocos capaces de romper líneas y alterar el guion establecido, mientras Leandro Paredes intentó aportar claridad desde la conducción.

Pero la ansiedad suele ser una mala compañera de viaje. Los centros comenzaron a multiplicarse, los remates perdieron dirección y las decisiones llegaron una fracción de segundo más tarde de lo necesario. El esfuerzo era visible. La eficacia, no.

La imagen de Ángel Romero celebrando un gol que luego fue invalidado por posición adelantada terminó simbolizando la noche. La ilusión apareció por unos segundos, apenas para desaparecer inmediatamente después. Como tantas otras oportunidades generadas por Boca durante la fase de grupos.

Resulta difícil discutir la eliminación cuando los números muestran cuatro partidos consecutivos sin victorias y tres derrotas en ese tramo decisivo. La Copa Libertadores suele ser generosa con los equipos talentosos, pero rara vez perdona a los equipos inconsistentes.

Universidad Católica se marchó de Buenos Aires con el primer puesto del grupo. Boca, en cambio, quedó observando cómo se cerraba la puerta de los octavos de final mientras sostenía en sus manos una camiseta dedicada a viejas conquistas.

Quizás allí resida la enseñanza más incómoda de la noche. La historia es un patrimonio extraordinario, pero cada generación está obligada a escribir la propia. Y en el fútbol, como sabían aquellos pioneros que se reunían para jugar en los campos de Palermo, las leyendas sirven para inspirar. Los partidos, sin embargo, siempre se ganan en el presente.

🖋️ © La Tribuna de los Hogg | 2026
Desde aquella invitación publicada en The Standard hasta el fútbol de nuestros días.


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